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¿Hace cuánto no hacés una sola cosa a la vez?

En esta nueva columna, .la Lic. Ana Laura Venturín explica como a través de la lectura es posible reencontrase con uno mismo

Mientras leés estas líneas, es posible que tu atención esté repartida entre varias cosas. Tal vez tenés otra pestaña abierta. O el teléfono en la mano mientras esperás que algo suceda. Quizás estás leyendo esto mientras una parte de vos sigue pensando en la lista de cosas pendientes del día.


¿Estás completamente acá o una parte de vos está en otra cosa?

Siempre haciendo. Siempre corriendo. Siempre tratando de llegar a todo.Y aunque nos hemos acostumbrado a llamarlo productividad, el cuerpo suele contar otra historia.

El sistema nervioso aprende de aquello que repetimos. Aprende de nuestros hábitos, de nuestros ritmos, de nuestra manera de estar en el mundo. Cuando vivimos saltando de un estímulo a otro, sin pausas, comienza a instalarse una sensación difícil de nombrar: la de no terminar de estar en ningún lugar por completo.


Mientras leemos, el mundo parece desacelerar por un momento. La atención deja de fragmentarse y la mente encuentra otro ritmo. Uno más sereno. Más humano.Y quizás por eso los libros siguen siendo refugios.

Muchas veces la ansiedad nace allí.

No siempre como un gran acontecimiento ni como una crisis evidente. A veces aparece como cansancio constante. Como irritabilidad. Como una inquietud que no encuentra explicación. Como la sensación de que incluso en los momentos de descanso seguimos acelerados por dentro.

Por eso la lectura tiene algo profundamente valioso en esta época. Porque un libro nos invita a una forma de presencia que hoy resulta cada vez más infrecuente. Nos propone detenernos. Sostener la atención en una sola cosa. Permanecer.

Leer no consiste únicamente en seguir una historia o incorporar conocimientos. También es ejercitar una capacidad que parece debilitarse en medio de tantos estímulos: la de permanecer en el instante sin la necesidad de escapar de él.

Mientras leemos, el mundo parece desacelerar por un momento. La atención deja de fragmentarse y la mente encuentra otro ritmo. Uno más sereno. Más humano.Y quizás por eso los libros siguen siendo refugios.

No porque resuelvan todos nuestros problemas ni porque tengan respuestas mágicas. Sino porque nos ofrecen algo que escasea cada vez más: un espacio para encontrarnos con nosotros mismos.

En un mundo que constantemente nos empuja hacia afuera, leer puede convertirse en un pequeño acto de regreso.

Un regreso a la atención.

Un regreso al silencio.

Un regreso a casa.


Por: Lic. Ana Laura Venturin, Psicóloga Clínica Diplomada en Neurociencias. Mat. 2330. Ig: @psico.analauraventurin -Contacto +54 9 2615366228


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