El Bootcamp Empresarial 2026 debatió en Mendoza una nueva agenda para el crecimiento
Bajar el «costo argentino» que arrastran las empresas y, al mismo tiempo, transformarlas puertas adentro con inteligencia artificial, talento y nuevas formas de llegar al consumidor. Lo que dejó el encuentro más esperado por los emprendedores y ejecutivos.
Esa doble exigencia atravesó el Bootcamp Empresarial 2026 en Mendoza. Allí, dirigentes industriales, ejecutivos y funcionarios coincidieron en un diagnóstico: en una economía más abierta, la competitividad dejó de ser una aspiración y pasó a ser la condición para crecer.
Bajo el lema «Una nueva agenda para el crecimiento», el encuentro es una iniciativa de la Unión Industrial Joven de Mendoza, presidida por Georgina Riveros. Cuenta con la organización de la Unión Industrial de Mendoza (UIM), encabezada por Mauricio Badaloni, y el acompañamiento del Ministerio de Producción provincial, a cargo de Rodolfo Vargas Arizu.
Riveros describió sin rodeos el momento del sector. «Hoy las pymes estamos pasando por un proceso bastante particular, por todo lo que se está viviendo en Argentina», dijo. Contó que cada empresario está concentrado en reestructurar su compañía: «Vamos a tener que ser mucho más competitivos y prepararnos para eso».
En la apertura, el gobernador Alfredo Cornejo había reclamado previsibilidad y reglas claras para que las empresas puedan invertir y crear empleo en la provincia.
Inteligencia artificial: «una nueva mirada sobre la industria»
Si el costo argentino es lo que el país debe remover, la tecnología es lo que las empresas no pueden dejar de incorporar. El presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Martín Rappallini, sostuvo que la inteligencia artificial no solo mejorará procesos y competitividad, sino que cambiará la forma de producir.
Apoyado en la visión de Demis Hassabis, premio Nobel de Química, explicó que la escasez es en el fondo un problema de conocimiento. Si la IA acelera ese conocimiento, es probable una gran revolución industrial. Recordó que la energía solar estuvo siempre disponible hasta que se desarrolló la capacidad de captarla. Por eso anticipó cambios en la generación y el almacenamiento de energía, los nuevos materiales, los alimentos, los medicamentos y la construcción. «Es muy probable que en cinco o diez años tengamos un mundo totalmente distinto», afirmó.
Para Rappallini, el país parte con ventajas: «Es la gran oportunidad que tiene Argentina, porque tenemos universidades y veo a muchos emprendedores jóvenes».
Mauricio Badaloni, empresario y miembro de la UIA, llevó esa agenda a la escala local. Dijo que las pymes mendocinas necesitan generar puentes, ganar competitividad e incorporar tecnología, con la IA como herramienta central y en trabajo conjunto con el sector público.
La curiosidad y la IA

“Nadie se puede dar el lujo de no ser curioso”, afirmó Pergolini, al referirse a la necesidad de mantenerse actualizado frente a una revolución tecnológica que avanza a una velocidad difícil de asimilar.
Uno de los principales desafíos, planteó, será repensar qué deben estudiar las nuevas generaciones y cómo debe transformarse el rol de los docentes. En ese escenario, consideró que los educadores podrían dejar de cumplir algunas de sus funciones tradicionales para convertirse en tutores que acompañen y orienten los procesos de aprendizaje.
La transformación también está modificando las inquietudes del sector empresario. Pergolini contó que, hasta hace poco, quienes se acercaban a consultarlo querían saber cómo digitalizar sus compañías. Ahora, en cambio, la pregunta es cómo incorporar inteligencia artificial.
Sin embargo, advirtió que la incorporación de IA no debería convertirse en un objetivo en sí mismo. Antes de implementar estas herramientas, las empresas necesitan identificar qué problemas buscan resolver, para qué las utilizarán y de qué manera pueden mejorar sus procesos.
El conductor también se refirió a la competencia internacional por el desarrollo de esta tecnología. Describió las diferencias entre los modelos de Estados Unidos, Europa y China, tanto en sus estrategias comerciales como en sus concepciones sobre la regulación y el uso de la inteligencia artificial.
Mientras Estados Unidos impulsa el desarrollo a través de grandes compañías y modelos comerciales, Europa mantiene una posición más cautelosa, con mayores exigencias regulatorias. China, en tanto, avanza con desarrollos de código abierto que permiten acceder a parte de esta tecnología sin pagar por su utilización.
Para Pergolini, estas diferencias reflejan que la discusión sobre la inteligencia artificial excede ampliamente la innovación tecnológica: también involucra modelos económicos, formas de organización social y distintas concepciones sobre el futuro.
En un contexto en el que las herramientas evolucionan más rápido que la capacidad de adaptación de las organizaciones, el mensaje para los empresarios fue claro: la curiosidad, la formación permanente y la capacidad de cuestionar los procesos existentes serán fundamentales para aprovechar las oportunidades que abre la inteligencia artificial.
Los «parásitos» que frenan a las empresas
El concepto que mejor sintetizó el diagnóstico lo aportó Marcos Ayerra, empresario y exfuncionario nacional, al presentar el planteo central de su libro. «Hay una parte que es la macro, que los mercados van por un carril. Hay otra parte que es la transformación de cada empresa, que es la productividad. Pero en el medio está el costo argentino, que a eso le llamo los parásitos», explicó.
Para Ayerra, ese entramado reduce la rentabilidad, multiplica las contingencias y ahuyenta inversiones. Con más apertura, mejorar la productividad no alcanza si no se resuelven los costos ajenos a cada empresa. «Si no reducimos el costo argentino, no podemos ser competitivos», advirtió. Según él, la tarea excede al Gobierno nacional e involucra también a provincias, municipios y organizaciones profesionales.
Rodolfo Vargas Arizu, ministro de Producción, coincidió en el diagnóstico y en que la salida no será inmediata. «Estamos impositivamente mal parados, pero no por nosotros, sino porque Argentina durante 70 años reguló y cargó impositivamente a las empresas. Eso va a costar un tiempo», reconoció. Su apuesta es que Mendoza gane protagonismo en la modificación de normas y regulaciones y funcione «como un faro para Argentina».
Jorge Brito, presidente de Banco Macro y Genneia, defendió el equilibrio fiscal y la prohibición de financiar el déficit con emisión como cambios que deben sostenerse. Pero advirtió que la reactivación de la construcción, la industria y los servicios tradicionales «va a ir mucho más lento» de lo que exige la demanda laboral y social, mientras avanzan la energía y la minería. Por eso le asignó al Estado un papel en la recuperación.
Su receta para competir no pasa solo por el ajuste. «La mejor forma de bajar el gasto por unidad es creciendo», afirmó. Puso como ejemplo a Genneia, con inversiones por más de US$ 2.000 millones y más de 2.000 megavatios instalados en nueve provincias.
El talento, la otra ventaja competitiva
La transformación tecnológica reabrió también el debate sobre las personas. Alejandro Melamed, conferencista y referente en futuro del trabajo, propuso dejar de considerar las soft skills como secundarias y llamarlas «habilidades potentes», porque son las que diferencian más allá de la tecnología disponible. Las resumió en cinco: curiosidad, coraje, creatividad, comunicación y compasión.
Según Melamed, esas capacidades se complementan: la curiosidad sin coraje termina en inacción. A su juicio, el talento será un factor central de competitividad, y la capacidad de aprendizaje y los valores serán decisivos al contratar.
La periodista y especialista en comunicación Mai Pistiner le puso precio a lo que suele quedar fuera de los balances. En su charla sobre «las conversaciones difíciles que nadie prepara (y que te cuestan plata)», planteó que no alcanza con transmitir un mensaje. Importa cómo se comunica y qué efecto tiene en la relación laboral. Repasó cuatro estilos (pasivo, agresivo, pasivo-agresivo y asertivo) y sus consecuencias sobre una organización.
Un consumidor que compra desde el celular
El cuarto eje fue el cambio en la forma de vender. «Antes había una vidriera física y ahora hay una vidriera en un celular», resumió Federico Alegre, de Mercado Libre. Explicó que muchas veces la necesidad de compra surge al ver un video o una publicación.
Juan Martín Cappellini, de Uber Eats, señaló que el usuario tiene mucha más información para comparar y busca resolver varias necesidades desde una misma aplicación. Eso obliga a sostener la coherencia entre lo que se cobra y lo que se ofrece: «La expectativa de tu usuario en precio y calidad tiene que estar de la mano».
Detrás de cada clic hay una escala que ya llega a la provincia. Federico Alexay, también de Mercado Libre, contó que la compañía registra 600 ventas por segundo y despacha unos 400 camiones diarios desde sus centros de distribución. También avanza con entregas en menos de 60 minutos. En Mendoza, destacó la inauguración de un centro de distribución de casi 11.000 metros cuadrados.
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