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Copenhague Fashion Week: a 20 años del desfile que redefinió el estilo escandinavo

La pasarela más influyente del norte de Europa celebra dos décadas consolidando una identidad que conquistó al mundo. Lejos del minimalismo que alguna vez la definió, la nueva estética «Scandi»  hoy se posiciona en la funcionalidad y la creatividad sin perder su esencia

En un calendario internacional dominado históricamente por Nueva York, Londres, Milán y París, la Fashion Week de Copenhague logró construir, durante los últimos veinte años, un lenguaje propio. Lo hizo sin estridencias, fiel a los valores del diseño nórdico, pero también con una mirada contemporánea que hoy la posiciona como una de las semanas de la moda más observadas por compradores, editores, estilistas y creadoras de contenido de todo el mundo.



La edición que por estos días celebra su vigésimo aniversario confirma que el denominado Scandi Style ya no puede definirse únicamente por sus líneas depuradas, sus tonos neutros o su famoso minimalismo. Hoy representa una manera mucho más libre de entender la moda, donde la comodidad y la sofisticación conviven sin contradicciones.


El nuevo Scandi Style

Si hace algunos años el estilo escandinavo era sinónimo de básicos impecables, prendas atemporales y una paleta dominada por el blanco, negro, gris y beige, la nueva generación de diseñadores y referentes de estilo propone una evolución mucho más interesante.



La identidad nórdica sigue privilegiando la funcionalidad, pero ahora incorpora una fuerte dosis de creatividad y mucha experimentación y en donde el street style se ha convertido en la verdadera pasarela de tendencias. Allí, las combinaciones “inesperadas” son parte del encanto: vestidos románticos con zapatillas, pantalones utilitarios junto a blazers de impecable sastrería, tejidos artesanales combinados con prendas deportivas y accesorios llamativos que rompen cualquier estilo minimalista de antaño.

El resultado es un guardarropa versátil, moderno y profundamente auténtico, donde cada elección parece responder más a la personalidad de quien la viste que a una tendencia pasajera.



Las tendencias que deja esta edición

Como ocurre cada temporada, durante la Copenhague Fashion Week, la capital danesa vuelve a marcar el rumbo de lo que probablemente veremos durante los próximos meses en Argentina. Entre las principales tendencias sobresalen:

  • El regreso de las superposiciones inteligentes, donde diferentes largos, texturas y volúmenes crean looks sofisticados y funcionales.


  • La consolidación de las prendas utilitarias, con múltiples bolsillos, cortes relajados y tejidos resistentes.
  • Los tejidos artesanales, crochet, bordados y terminaciones hechas a mano, que aportan calidez y autenticidad.
  • Los tonos manteca, arena, oliva, celeste, turquesa y borgoña, acompañados por acentos vibrantes en rojo, amarillo o azul eléctrico.


  • Los vestidos livianos combinados con botas o zapatillas deportivas, reafirmando que la comodidad continúa siendo un verdadero lujo.
  • Los accesorios de gran tamaño, especialmente bolsos, gafas de diseño y joyería escultórica, capaces de transformar los estilismos más simples.



El street style que todos miran

Si existe un lugar donde realmente puede entenderse el fenómeno escandinavo es fuera de los desfiles. Durante la Fashion Week de Copenhague, las calles se transforman en una enorme pasarela donde editoras de moda, compradoras, influencers, diseñadoras y asistentes presentan interpretaciones personales de las tendencias.



A diferencia de otras capitales de la moda, donde muchas veces predominan los estilismos pensados exclusivamente para captar la atención de los fotógrafos, las calles danesas transmiten una sensación mucho más natural, cercanos y sobre todo, accesibles.




Así, quizás ese sea el mayor aprendizaje que deja el Scandi Style después de veinte años de evolución se trate de copiar un guardarropa escandinavo, sino de adoptar una manera distinta de relacionarse con la moda. Vestirse bien significa encontrar el equilibrio entre funcionalidad y belleza, entre comodidad y sofisticación, entre clásicos y piezas con carácter. Es una invitación a construir un estilo propio sin resignar practicidad ni autenticidad.

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