Septiembre amarillo: a veces, hablar salva
En el marco de Septiembre Amarillo, la Lic. Ana Laura Venturin propone detenernos, escuchar y poner en palabras aquello que muchas veces atravesamos en silencio. Una reflexión sobre salud mental, prevención y la importancia de pedir ayuda, acompañar y animarnos a responder, de verdad, cómo estamos
Septiembre es el mes amarillo. Y aunque pueda sonar a campaña, para mí es de esos momentos del año en los que vale la pena frenar un segundo y pensar en algo que a veces damos por obvio: que hablar, muchas veces, salva. El amarillo tiene una historia detrás.

En 1994, en Estados Unidos, un adolescente llamado Mike Emme, de 17 años, murió por suicidio. Su familia y sus amigos, atravesados por el dolor, comenzaron a repartir mensajes escritos en papeles amarillos junto con una frase sencilla: pedir ayuda, hablar con alguien, no atravesar el dolor en soledad. Aquellos mensajes dieron origen al programa Yellow Ribbon, dedicado a la prevención del suicidio y a la promoción de la búsqueda de ayuda.
El amarillo quedó asociado, así, a una idea profundamente humana: hay que poder decir que algo no está bien antes de que sea demasiado tarde.
En Argentina, septiembre también nos invita a poner el foco en la salud mental. Cada 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial y Nacional para la Prevención del Suicidio, una fecha que busca generar conciencia y, sobre todo, romper el silencio alrededor de una problemática que muchas veces permanece escondida detrás de frases como “estoy cansada”, “no puedo más”, “ya se me va a pasar” o “no quiero preocupar a nadie”.
Pero cuidar la salud mental no empieza únicamente cuando aparece una crisis. Empieza mucho antes.
Empieza cuando podemos reconocer que estamos agotadas y dejar de exigirnos como si nada estuviera pasando. Cuando aceptamos que una separación nos duele más de lo que esperábamos. Cuando dejamos de normalizar una relación que nos lastima. Cuando entendemos que dormir mal durante semanas, vivir permanentemente en alerta, sentir ansiedad, aislarnos o perder el interés por aquello que antes disfrutábamos también son señales que merecen ser escuchadas.

La salud mental no siempre grita. A veces susurra. Y quizás por eso aprendimos a ignorarla.
Nos acostumbramos a funcionar. A cumplir. A contestar mensajes. A trabajar, cuidar a otros, resolver problemas, hacer compras, organizar la casa y seguir adelante incluso cuando por dentro estamos agotadas.
Hay mujeres que llegan a consulta diciendo:“Pero si, en realidad, no me pasa nada tan grave”.
Y quizás justamente ahí esté una de las preguntas que necesitamos hacernos: ¿por qué tenemos que estar al borde del colapso para considerar que necesitamos ayuda?
Pedir ayuda no debería ser el último recurso. Puede ser una forma de prevención.
Puede ser hablar con una amiga. Pedir un turno con un profesional. Contarle a alguien que estamos atravesando un momento difícil. Volver a una actividad que nos hace bien. Dormir. Poner un límite. Dejar de sostener una situación que nos está haciendo daño. Hacer espacio para lo que sentimos.
No hace falta que sea una conversación enorme .A veces es un “¿cómo estás de verdad?” que no se contesta con “bien”.
A veces es levantar el teléfono cuando alguien hace rato que no aparece.
A veces es sentarse al lado de alguien sin intentar solucionar inmediatamente lo que le pasa.
Y a veces somos nosotras mismas las que necesitamos responder con honestidad cuando alguien pregunta cómo estamos.
Porque también existe una forma de soledad que no tiene que ver con estar físicamente solas: la soledad de sentir que tenemos que poder con todo.
Por eso hablar importa.
Hablar permite ponerle palabras a lo que todavía aparece como angustia, cansancio, enojo, miedo o confusión. Y cuando algo puede ser nombrado, también puede empezar a ser acompañado.
No significa que una conversación pueda resolverlo todo. La prevención del suicidio y el cuidado de la salud mental requieren acompañamiento profesional y redes de apoyo cuando la situación lo necesita. En Argentina existe, además, una línea nacional gratuita y confidencial de orientación y apoyo en urgencias de salud mental: 0800-999-0091, disponible las 24 horas.
Quizás por eso me gusta pensar en septiembre amarillo no solamente como un mes para hablar de muerte, sino como una invitación a hablar de vida.
De la vida que estamos llevando.
De cómo estamos viviendo nuestros días.
De aquello que venimos sosteniendo en silencio. De lo que necesitamos cambiar, pedir, soltar o compartir.
Porque cuidar nuestra salud mental no significa estar bien todo el tiempo. Significa poder reconocer cuando no lo estamos. Y animarnos a no atravesarlo solas.
Este septiembre, quizás la pregunta no sea solamente “¿cómo estás?”. Quizás sea: ¿Cómo estás de verdad? Y esta vez, esperar la respuesta.
Por: Lic. Ana Laura Venturin, Psicóloga Clínica Diplomada en Neurociencias. Mat. 2330. Ig: @psico.analauraventurin -Contacto +54 9 2615366228

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