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14 de febrero: amar en tiempos de inteligencia artificial

En el Día de los Enamorados, reflexionamos sobre los vínculos amorosos, la forma de relacionarnos y de encarar el amor cuando la tecnologia amenaza con relaciones cada vez menos humanas

El Día de los Enamorados no siempre fue lo que es hoy. Su origen se remonta a San Valentín, un sacerdote que según la tradición, celebraba matrimonios en secreto cuando el amor estaba prohibido. Desde entonces, el 14 de febrero quedó asociado a la idea de elegir a otra persona, incluso cuando no era el camino más fácil.

​          Con los siglos, la fecha se fue transformando: del amor romántico al amor idealizado, del gesto íntimo al consumo masivo. Hoy, en plena era digital y con la inteligencia artificial integrada en nuestra cotidianeidad, la pregunta ya no es solo a quién amamos, sino cómo nos vinculamos.

​Vivimos en un estado de hiperconexión, pero no siempre con disponibilidad emocional. Los chats son constantes y las respuestas rápidas, acumulamos estímulos y, sin embargo, el encuentro profundo muchas veces se posterga. La IA puede redactar mensajes, sugerir respuestas e incluso simular compañía, pero hay algo que todavía no puede hacer: sentir.

​          Amar sigue siendo un acto humano. Incierto, imperfecto, a veces torpe. Y justamente por eso, real.

​          Desde la neurociencia sabemos que el vínculo requiere tiempo, presencia y seguridad emocional. La oxitocina, la hormona del apego, no se activa con un «me gusta» ni con respuestas automatizadas, sino con el contacto genuino, la escucha activa y la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.

​          Tal vez este 14 de febrero no se trate de cumplir con un mandato social, sino de revisar cómo estamos habitando nuestros vínculos.

​Algunas ideas para este día:

  • ​Priorizar el bienestar propio: regalarnos tiempo, descanso o una experiencia que aporte serenidad.
  • ​Revisar los vínculos digitales: observar si existe mucha comunicación pero poca conexión real.
  • ​Sostener conversaciones honestas, aunque no sean perfectas.
  • ​Practicar el amor propio sin pretensiones: mejorar hábitos de salud, respetar el propio descanso y aprender a poner límites claros.
  • ​Recordar que estar en pareja no garantiza la conexión, así como la soltería no es sinónimo de vacío.

​          En un mundo donde la inteligencia artificial optimiza procesos, el amor sigue siendo lo único que no puede programarse. No hay algoritmo para la ternura ni atajo para la intimidad emocional.

​          Quizás amar hoy sea animarnos a bajar el ritmo, a sentir sin filtros y a elegir vínculos donde podamos mostrar nuestra humanidad, en lugar de versiones editadas de quienes somos.

​          Este 14 de febrero, más allá de con quién se comparta, la invitación es simple y profunda: ​¿Cómo estamos amando… y cómo nos estamos dejando amar en esta era?

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