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Especial del Día del Padre: inédita charla con Sergio y Francesca Roggerone

Homenaje a un gran papá y artista plástico: Sergio Roggerone. Historias de vida, viajes, desarraigos, aprendizaje y complicidad en este encuentro de padre e hija

Desde Palermo, Italia, donde pasaba unos días de descanso, tras haber realizado el Camino de Santiago de Compostela -y huyendo del frío mendocino, en cierta medida- nos recibió de manera virtual, el reconocido pintor mendocino Sergio Roggerone. De este lado del Océano, establecíamos contacto a través de videollamada, su hija Francesca y Revista Voilà para iniciar una charla generosa, amena, signada por los gustos, la genética y el verdadero amor familiar.

Nacidos el mismo día y a la misma hora, un 11 de octubre, al mediodía, bajo el signo zoodíaco Libra, Sergio y su hija, Fran (como la llaman sus más allegados) saben expresar sus emociones y compartir sentimientos profundos. Al establecer contacto con ellos dejan en claro un fuerte vínculo, creado a través de una relación en armonía, recuerdos, decisiones, experiencias por el mundo, pasión por la gastronomía y la belleza de la cultura artística.


Hermosos recuerdos. Francesca en brazos de su papá, Sergio.

Francesca (24), es graduada de Vocal perfomance en Los Angeles College of Music, y lleva algunos meses de visita en Mendoza, ya que se encuentra radicada hace cuatro años en Los Angeles, California. La joven cantante refleja seguridad y una fuerte personalidad, tal vez heredada de su papá.

Hace apenas unas semanas Francesca debutó en las tablas del Independencia de la mano de la Sparkling Big Band, y ya planifica nuevos proyectos para Mendoza que serán concretados antes de regresar a Estados Unidos. Un sueño hecho realidad gracias al poder de su voz y la música. Por su parte, su papá Sergio ha trascendido las fronteras con sus pinturas en búsqueda de la felicidad y desde allí conmemorar técnicas antiguas que se fueron perdiendo en el tiempo. No hay duda, que el arte en la familia Roggerone se lleva en la sangre y se plasma en colores y escenarios.

No es casualidad que el arte también los una… ¿El arte se hereda?

S: Mis padres no eran artistas, pero mis abuelos maternos y sus hermanos eran músicos. Mi abuelo era trompetista militar, y formaba parte de la banda de músicos del Ejército. El arte es algo muy complejo, pero hay algo muy especial que siento con mi hija Fran: nació el mismo día que yo, y a la misma hora y tal vez eso haya tenido algo que ver con su inclinación. De alguna manera el arte se lleva en la sangre, nosotros vivimos dentro de nuestra casa en el mundo del arte y de una manera diferente. Creo que junto a mi esposa, Marina (quien también disfruta del canto), hemos inculcado ese pensamiento a Francesca, quien ha ido aprendiendo y absorbiendo con naturalidad este mundo artístico. Despues me pidió ir a estudiar afuera y para mí lo más importante es la educación de una persona poder aprender la riqueza de un pais

El arte, en sus distintas expresiones, los llevó a vivir experiencias por el mundo. ¿Fue algo que planificaron o se dio naturalmente?

F: Desde muy chica yo viajaba con mi papá porque era parte de su trabajo y eso para mí fue como una escuela. Al haber sido hija única me llevaban a todos lados y pienso que esa posibilidad que tuve de haber viajado por distintas partes me abrió la cabeza. Tal vez, esto que no es tan común en las personas, se dio para mi de forma natural por una necesidad de mis padres.


Viajeros inseparables. Desde pequeña, Fran exploraba el mundo de la mano de su padre.

¿Cómo surgió la idea de ir a vivir afuera?

F: Cuando terminé la escuela, me tomé poco más de un año para estudiar inglés y luego mi papá me invitó a realizar un viaje durante 45 días para que charlaramos sobre mi proyecto de ir a estudiar afuera. El viaje -que desde hace ocho años lo realiza ininterrumpidamente mi papá, durante los meses de mayo y junio- era la Caminata a Santiago de Compostela, un lugar donde estábamos solos, y tenés que caminar todo el día, y lo único que existe es la naturaleza y la palabra con el otro. Desde allí planificamos juntos mi carrera en California. Fue una experiencia maravillosa donde pude sentir todo su apoyo y una conexión muy importante.

Vivir en el exterior implica siempre un desafío, un crecimiento: ¿Cómo fue la experiencia de alejarse de casa y hacer lo que el corazón elige?

F: Fue muy fuerte, porque como te comentaba soy única hija, estaba todo el tiempo con mis padres (Sergio y Marina), íbamos a todos lados juntos, y además son lo más importante que tengo, pero a la vez ese desprendimiento me dio la posibilidad de ver quién era yo sola afuera, y me demostró todas las herramientas que mis padres me habían dado, eso fue maravilloso. Obviamente que los llamaba tres veces por día para contarles todo y de esa manera sentía que los tenía cerca.


Incondicionales. Francesca y Sergio Roggerone.

¿Cómo se vive ese momento en que la libertad gana espacio y hay que dejarle lugar a los sueños de un hijo?

S: Durante esa caminata que te comentó Fran charlamos tanto, pero ella fue determinante. Me dijo: ‘Mis amigos tienen plan A y plan B, yo solo tengo plan A y quiero cantar’. Y sin dudarlo, sentí que tenía que apoyarla. En mi caso tuve la dificultad que mi padre no me apoyó en lo que quería ser, entonces pensé en la felicidad de mi hija. Para mí no hay nada más importante como artista que despertar todos los días y ser feliz. Entonces le dije: ‘Si vos crees que la música es lo que te hará feliz, dale para adelante. No me importa donde llegues pero si te levantas cada día con la ilusión de que vas hacer algo por la música, yo te acompaño’. En cierta medida creo que es lo que hice yo, lo demás viene solo, o no, pero lo importante es la felicidad de la persona.

Creo que la mejor musa inspiradora de ambos es la búsqueda de la felicidad

S: Totalmente. Todos en algún momento vamos a morir, y si pasaste por esta vida como un drama y sin buscar la felicidad, no tiene sentido. Entonces creo que esos chispazos de felicidad del día a día es lo que hay que tratar de lograr.



¿Hay algo que los haya marcado o impulsado a ser quienes son hoy?

S: Creo que Fran está comenzando su camino, y de a poco se va impulsando, sería muy atrevido expresar quién es hoy. Y de mi parte, soy un mendocino más, quiero a mi provincia, a mi país y cada cosa que me propongo lo hago por mí mismo, por mi familia, por el lugar donde vivo, por mi comunidad, por todo. No soy, ni me siento un Picasso, solo trato de aportar un poquito más cada día, con alegría y con amor, y es lo que le he inculcado a Fran, hacer el trabajo que uno ama. Los mendocinos somos una gran familia, es importante cuidarnos entre nosotros. Es bueno que hayan obras nuevas, pero también es lindo cuidar lo que existe porque es parte de nuestra identidad, y ese es mi objetivo como artista.

Sergio: hace unas semanas Francesca debutó en el teatro Independencia junto a la Sparkling Big Band. ¿Cómo viviste ese momento a la distancia?

S: Considero que fue muy valioso no haber estado presencialmente porque ella ha sufrido mucho el apellido y el ser hija ‘de’. Cuando Fran se fue a California me dijo que iba a cambiar Roggerone por Francesca & The Royalty que es su nombre artístico, y me pareció bien. Siempre buscó despegarse de su padre, y lo entiendo. Y en esta ocasión que encuentra la oportunidad de haber cantado en el Teatro Independencia, me alegro no haber estado porque no me gusta quitar protagonismo a otros artistas, me pareció muy bien que ella camine por su lado y yo por el mío.

¿Hay sentimientos encontrados al momento de ver una obra Roggerone, como papá?

F: Ha sido todo un proceso, desde chica he ido observando el crecimiento de mi papá como artista, ha ido cambiando y eso ha sido maravilloso. Me impresiona la cabeza y la creatividad que tiene, y cómo luego plasma su imaginación. Hay veces que lo encuentro en la cocina a las 3 AM pensando una nueva obra en la casa, y es ahí cuando digo este hombre está loco, pero después al ver el resultado lo admiro profundamente. Tiene una paciencia extraordinaria, lo ves en constante movimiento, innovando, cambiando las cosas de su lugar, rompiendo parámetros. Me divierte y fascina verlo de esa manera.

Él es mi mentor. Lo que he aprendido de arte es gracias a él. Por ejemplo, cuando vamos a un museo, hablamos de colores y texturas, discutimos, me pone a prueba todo el tiempo, y eso me gusta. Y además también disfrutamos juntos películas, música, cocina, tragos, inclusive las salidas de shopping. Para mí es hermoso poder compartir con él esos momentos.

¿La cultura en Mendoza es respetada?

F: Lo que siento que sucede acá en Mendoza es falta de un compromiso cultural, a diferencia de la cultura en otras partes del mundo donde noto que sí es muy respetada. El hecho mismo de pagar un músico, una cantante, un cuadro es todo un tema. En Italia por ejemplo, la cultura tiene un peso importante y un presupuesto gubernamental, es otro mundo.

S: El respeto a la cultura empieza por uno mismo para que la gente pueda aprender y valorar lo que uno hace. Creo que ese es el camino.

Hay cierta complicidad entre ustedes. ¿También pueden expresar sus dolores para sanar?

S. Totalmente. Somos de llorar y nos abrazamos como padre e hija.

F: Mi papá es la única persona que sabe leer mi estado, y ni siquiera tiene que verme físicamente, con sólo escuchar mi voz se da cuenta de mis emociones. Tenemos una conexión muy fuerte, siempre somos muy profundos, vamos más allá de todo. Nos ayudamos mucho uno al otro, sin ocultar nuestras diferencias.



Sergio, te han preguntado mucho sobre el arte, la arquitectura, la Alboraza, pero ¿cómo es la obra de ser papá?

S: Es una tarea ardua, pero muy gratificante. También es doloroso ver a los hijos que le pasan cosas y muchas veces no poder ayudarlos a resolver sus problemas, por ejemplo en el amor. Es lindo poder plasmar el amor a un hijo y darle lo mejor que uno tiene

Francesca, ¿qué significa para vos tu papá?

F: Estoy feliz con el papá que me tocó. Tengo una relación de padre e hija muy intensa y de mucho amor. Somos de carácter muy fuerte, por eso también discutimos, pero no lo cambiaría por nada.

Ida y vuelta

Un recuerdo que los represente

S: Cuando Fran era chica quería comprarse una falda plateada de lentejuelas y su madre no estaba de acuerdo, pero se la compré igual. Ya le veía la carita de felicidad en el probador cuando se la medía. La usó muchísimo tiempo, a pesar de que Marina (su mamá) se la escondía para que no la usara. Tengo guardado siempre ese recuerdo.

F: Para mí, el pan dulce de la abuela de mi papá, que cada Navidad hacemos, a pesar de los 35° de calor en Mendoza. Y lo comemos acompañado de unos mates hirviendo para sentir más calor aún, y luego nos metemos a la pileta para refrescarnos. Es el momento en que recordamos a su abuela, lo saboreamos, sentimos su aroma. Eso para mí es felicidad extrema.

El mejor plan juntos

S y F: Cocinar, salir a comer en restaurantes de distintas culturas. Hacemos comentarios sobre los sabores y tratamos de que el otro adivine primero sus ingredientes o condimentos.

Una comida para compartir

F: Korean barbecue, una receta que aprendí en California y que le hago cada tanto a mi papá porque sé que le gusta mucho.

S: Los tortelloni di zuca (una pasta italiana) que ella me ayuda siempre a elaborarlos.

Un lugar en el mundo

F: Tenemos muchos, pero creo que podría ser New York.

S: Mendoza. Pero es cierto, en New York lo hemos pasado muy lindo juntos.

Un deseo

F: Ser feliz, y que mi familia, mis amigos también lo sean, y estén sanos. Y agrego: Que se apacigüe un poco lo que está sucediendo en el mundo, que haya un poco de paz.

S: Pienso un poco lo mismo. Lo más importante es la búsqueda de la felicidad diaria. La felicidad permanente no existe. Sentir ese poquito de carga positiva de cada día y tener un aire renovado para poder ser feliz.

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